
Fuente: Femmefatale
Ruth Toledano (León, 1963) es poeta, columnista en el diario El País, bisexual y una ferviente activista por los derechos de los gays y los animales. Llega a la redacción de Femme Fatale acalorada, repleta de energía y con su “hija” Poca en brazos, un chiuaua. La entrevista se convertirá muy pronto, marcada por su humor ácido y afilado, en una carcajada. Disfruten.
FF. ¿Nos podrías hablar un poco de tu etapa en León y de cómo llegaste a Madrid?
RT. De León me vine muy pronto, a los 7 años, por lo que mi etapa leonesa es la infancia. Se trata de un periodo muy importante porque tuve una infancia rural y eso, en mi opinión, es algo maravilloso. En León me criaron mis abuelos. Mi abuela era maestra, algo que marca tu formación, tu manera de crecer. Yo era la nieta de doña Angelines. (Risas) Me enseño a leer y a escribir muy pronto, para que cuando llegara a la escuela diera ejemplo. Esa mentalidad antigua que la consideraba una de las “fuerzas vivas” del pueblo (con el cura y el médico), te obligaba a tener que dar ejemplo todo el rato. Y así sigo. (Risas).
Vine a Madrid porque mi familia materna es de aquí. Me vine a vivir con mi madre. Luego estudié Filología Hispánica, realicé diferentes trabajos no relacionados con la literatura y, cuando se creó la Escuela de Letras, me matriculé en ella. Pertenezco a la primera promoción. Ahí es donde encaucé mi carrera en el mundo literario y periodístico.
RT. Se trata de un reconocimiento institucional que hace la ciudad de Madrid a través del Ayuntamiento y a propuesta de un grupo político que en este caso fue el PSOE con apoyo de IU. Se votó en el pleno y se aprobó. ¿Y en qué consiste ser “Cronista Oficial”? La gente piensa que trabajo de algún modo para el Ayuntamiento y que debo escribir crónicas; pero no. Aunque se llame así, se trata simplemente de un reconocimiento que te hace la ciudad. Además no tengo que cumplir con ninguna formalidad y es vitalicio. Soy la primera mujer que recibe ese título, todo un honor, y no recibo remuneración alguna. Es como si en Chueca me hicieran Marquesa. (Risas).
FF. ¿Cuándo surgió tu interés por la lucha a favor de los homosexuales de una manera más pública?
RT. Siempre he sido una persona combativa. En el colegio te llaman rebelde, y creo que eso no es más que el germen de un compromiso cívico, social y político con tus ideales y en contra de las injusticias. De siempre he tenido una mirada política, porque aunque detesto la política creo que es algo que rige la marcha de nuestras vidas. Para mí la política, la única que me interesa y entiendo, es la del activismo ciudadano. Además soy bisexual, algo que descubrí en mi adolescencia.
FF. ¿Me podrías explicar qué es eso de la “Política gay”?
RT. Ser gay significa pertenecer a un movimiento de liberación que exige, defiende y lucha por los derechos de todas las personas más allá de sus tendencias o gustos. Ser homosexual, por el contrario, significa tener una compulsión erótica hacia una persona del mismo sexo. No significa ni que luches por ello, ni que salgas del armario. Para mÌí por ejemplo, un homosexual no tiene que estar obligatoriamente fuera del armario y un gay, sí. El movimiento no es homosexual, sino gay. Por eso hay homosexuales del Partido Popular que tienen la Ley de Matrimonio en el Constitucional. Todavía no me explico cómo pueden pertenecer a un partido que niega sus derechos fundamentales como ser humano y como ciudadano. Creo que es como ser judío y nazi.
FF. Yo soy heterosexual, vivo con mi novia, y como ves escribo para esta revista y apoyo el movimiento gay. ¿Sería yo un heterosexual gay?
RT. Sí, sin lugar a dudas. Mi novio también lo es.
FF. ¿Y no crees que con el término “gay” las lesbianas quedan discriminadas?
RT. Sí, creo que habría que incorporar mucho más la palabra “lesbiana” a nuestro discurso y lenguaje cotidiano para que tuvieran más visibilidad.
Ahora bien, al margen de eso, para mí el movimiento gay incorpora a las lesbianas, transexuales, bisexuales. Por lo que nunca digo: “Soy bisexual”, sino “Soy gay”.
Relacionado con esto tengo una anécdota maravillosa. Mi hermana es mucho más joven que yo y vivía conmigo cuando era pequeña. Vivíamos con la que entonces era mi pareja, una chica que se llamaba Berta. Cuando mi hermana Esther era niña, me preguntó en una ocasión algo que me veía venir: “Oye Ruth, ¿qué significa lesbiana?”. Y le respondí: “Son dos chicas que se quieren”. “¿Como Berta y tú? Continúa. Digo “Sí”. “¡Pues tu diccionario es una mierda!” -me dice-, porque pone: lesbiana, habitante de Lesbos. (Risas).
FF. Leí una entrevista que te hicieron en 2002 y decías que “las lesbianas no salen del armario”. Crees que la situación ha cambiado?
Y después están los obstáculos que se ponen ellas mismas. A veces he llegado a sentirme un poco incómoda incluso con las propias lesbianas, porque digamos que yo no soy según muchas “una lesbiana pura” de raza, con pedigrí. Bueno, es que soy chucha (Risas) no una perra, como otras (Más risas). Yo espero que salgan ya todas las lesbianas puras, por favor, que deje de ser yo quien da la vara con este asunto, alguien que encima tiene menos credibilidad. Ha salido un juez como Grande Marlaska. ¿Dónde está la jueza lesbiana en España? Han salido militares, curas. ¡Que salgan las monjas lesbianas, que las conozco! (Risas).
No quiero ser injusta con nuestra historia. Sé de donde venimos, sé con lo que cargamos todavía. Y esto, por supuesto, es producto del machismo. Las lesbianas y el movimiento gay en su conjunto necesitan de mujeres destacadas en la sociedad que digan abiertamente que lo son. ¿Cuántas hay que recordemos ahora mismo? Por lo menos en mi caso digo lo que soy, aunque sea “impura” (Risas). Debemos hacer una autocrítica. Las lesbianas necesitan salir del armario, y que lo haga la jueza, la profesora de colegio, la actriz, la cantante, la ministra…Tenemos un Zerolo, ¿dónde está la Zerola? Yo no exijo, ni pido, que todo el mundo sea héroe. No pido que salgan 25.000 juezas lesbianas, sería increÌble, incluso un poco aterrador (risas); pero por favor, que salga aunque sea una.
FF. ¿Nos podrías hablar un poco de tu etapa en León y de cómo llegaste a Madrid?
RT. De León me vine muy pronto, a los 7 años, por lo que mi etapa leonesa es la infancia. Se trata de un periodo muy importante porque tuve una infancia rural y eso, en mi opinión, es algo maravilloso. En León me criaron mis abuelos. Mi abuela era maestra, algo que marca tu formación, tu manera de crecer. Yo era la nieta de doña Angelines. (Risas) Me enseño a leer y a escribir muy pronto, para que cuando llegara a la escuela diera ejemplo. Esa mentalidad antigua que la consideraba una de las “fuerzas vivas” del pueblo (con el cura y el médico), te obligaba a tener que dar ejemplo todo el rato. Y así sigo. (Risas).
Vine a Madrid porque mi familia materna es de aquí. Me vine a vivir con mi madre. Luego estudié Filología Hispánica, realicé diferentes trabajos no relacionados con la literatura y, cuando se creó la Escuela de Letras, me matriculé en ella. Pertenezco a la primera promoción. Ahí es donde encaucé mi carrera en el mundo literario y periodístico.
FF. ¿Qué es eso de que fuiste nombrada “Cronista Oficial de la Villa de Madrid”?
RT. Se trata de un reconocimiento institucional que hace la ciudad de Madrid a través del Ayuntamiento y a propuesta de un grupo político que en este caso fue el PSOE con apoyo de IU. Se votó en el pleno y se aprobó. ¿Y en qué consiste ser “Cronista Oficial”? La gente piensa que trabajo de algún modo para el Ayuntamiento y que debo escribir crónicas; pero no. Aunque se llame así, se trata simplemente de un reconocimiento que te hace la ciudad. Además no tengo que cumplir con ninguna formalidad y es vitalicio. Soy la primera mujer que recibe ese título, todo un honor, y no recibo remuneración alguna. Es como si en Chueca me hicieran Marquesa. (Risas).
FF. ¿Cuándo surgió tu interés por la lucha a favor de los homosexuales de una manera más pública?
RT. Siempre he sido una persona combativa. En el colegio te llaman rebelde, y creo que eso no es más que el germen de un compromiso cívico, social y político con tus ideales y en contra de las injusticias. De siempre he tenido una mirada política, porque aunque detesto la política creo que es algo que rige la marcha de nuestras vidas. Para mí la política, la única que me interesa y entiendo, es la del activismo ciudadano. Además soy bisexual, algo que descubrí en mi adolescencia.
FF. ¿Me podrías explicar qué es eso de la “Política gay”?
RT. Ser gay significa pertenecer a un movimiento de liberación que exige, defiende y lucha por los derechos de todas las personas más allá de sus tendencias o gustos. Ser homosexual, por el contrario, significa tener una compulsión erótica hacia una persona del mismo sexo. No significa ni que luches por ello, ni que salgas del armario. Para mÌí por ejemplo, un homosexual no tiene que estar obligatoriamente fuera del armario y un gay, sí. El movimiento no es homosexual, sino gay. Por eso hay homosexuales del Partido Popular que tienen la Ley de Matrimonio en el Constitucional. Todavía no me explico cómo pueden pertenecer a un partido que niega sus derechos fundamentales como ser humano y como ciudadano. Creo que es como ser judío y nazi.
FF. Yo soy heterosexual, vivo con mi novia, y como ves escribo para esta revista y apoyo el movimiento gay. ¿Sería yo un heterosexual gay?
RT. Sí, sin lugar a dudas. Mi novio también lo es.
FF. ¿Y no crees que con el término “gay” las lesbianas quedan discriminadas?
RT. Sí, creo que habría que incorporar mucho más la palabra “lesbiana” a nuestro discurso y lenguaje cotidiano para que tuvieran más visibilidad.
Ahora bien, al margen de eso, para mí el movimiento gay incorpora a las lesbianas, transexuales, bisexuales. Por lo que nunca digo: “Soy bisexual”, sino “Soy gay”.
Relacionado con esto tengo una anécdota maravillosa. Mi hermana es mucho más joven que yo y vivía conmigo cuando era pequeña. Vivíamos con la que entonces era mi pareja, una chica que se llamaba Berta. Cuando mi hermana Esther era niña, me preguntó en una ocasión algo que me veía venir: “Oye Ruth, ¿qué significa lesbiana?”. Y le respondí: “Son dos chicas que se quieren”. “¿Como Berta y tú? Continúa. Digo “Sí”. “¡Pues tu diccionario es una mierda!” -me dice-, porque pone: lesbiana, habitante de Lesbos. (Risas).
FF. Leí una entrevista que te hicieron en 2002 y decías que “las lesbianas no salen del armario”. Crees que la situación ha cambiado?
Y después están los obstáculos que se ponen ellas mismas. A veces he llegado a sentirme un poco incómoda incluso con las propias lesbianas, porque digamos que yo no soy según muchas “una lesbiana pura” de raza, con pedigrí. Bueno, es que soy chucha (Risas) no una perra, como otras (Más risas). Yo espero que salgan ya todas las lesbianas puras, por favor, que deje de ser yo quien da la vara con este asunto, alguien que encima tiene menos credibilidad. Ha salido un juez como Grande Marlaska. ¿Dónde está la jueza lesbiana en España? Han salido militares, curas. ¡Que salgan las monjas lesbianas, que las conozco! (Risas).
No quiero ser injusta con nuestra historia. Sé de donde venimos, sé con lo que cargamos todavía. Y esto, por supuesto, es producto del machismo. Las lesbianas y el movimiento gay en su conjunto necesitan de mujeres destacadas en la sociedad que digan abiertamente que lo son. ¿Cuántas hay que recordemos ahora mismo? Por lo menos en mi caso digo lo que soy, aunque sea “impura” (Risas). Debemos hacer una autocrítica. Las lesbianas necesitan salir del armario, y que lo haga la jueza, la profesora de colegio, la actriz, la cantante, la ministra…Tenemos un Zerolo, ¿dónde está la Zerola? Yo no exijo, ni pido, que todo el mundo sea héroe. No pido que salgan 25.000 juezas lesbianas, sería increÌble, incluso un poco aterrador (risas); pero por favor, que salga aunque sea una.
FF. ¿Cuál es tu opinión sobre la actitud que las feministas tienen respecto a las lesbianas?
RT. Por suerte, mi adolescencia y mi primera juventud la viví en un momento generacional alejado de la etapa de mayor auge del movimiento feminista. Yo, como es natural, soy feminista. Pero me duele mucho ese sector dentro del movimiento que se ha desvinculado de la liberación de las lesbianas para no ser identificadas con ellas. Aunque esta actitud no me extraña. Todos los movimientos políticos y reivindicativos son muy decepcionantes cuando los conoces desde dentro.
15 Junio 2009 at 12:43 pm
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