
30 Mayo 2009

30 Mayo 2009
Firmas a: respuestainfocop@gmail.com
A la Coordinadora de Psicología Jurídica del Consejo General de Colegios Oficiales de Psicólogos de España
A quien/es corresponda:
Los y las abajo firmantes, profesionales de la Psicología, colegiadas y colegiados en los distintos Colegios Oficiales de España, queremos expresar nuestro rechazo a las afirmaciones que en el día 18 del corriente mes, ha presentado la Coordinadora de Psicología Jurídica del Consejo General de Colegios Oficiales de Psicólogos de España con referencia al pretendido síndrome de alienación parental.
23 Mayo 2009
21 Mayo 2009

Amparo Rubiales, profesora de Derecho en la Universidad de Sevilla y actualmente miembra del Consejo de Estado, firmará su libro “Una mujer de mujeres”, prólogo de José Antonio Griñán, Presidente de la Junta de Andalucía. En este libro Rubiales hace un repaso de su vida personal y profesional tras más de 25 años de dedicación a la política donde ha desempeñado cargos como parlamentaria andaluza, Consejera del primer Gobierno autonómico, Senadora y Diputada Nacional, Vicepresidenta del Congreso y Delegada del Gobierno en Andalucía.
Día: 22 de mayo de 2009
Hora: 19:30 h. a 22:00 h.
Lugar: Feria del Libro de Sevilla, Plaza Nueva, Caseta 48. Repiso Libro
información: Plataforma Andaluza de Apoyo al Lobby Europeo de Mujeres www.mujereslobby.org
18 Mayo 2009

AmecoPress/Artemisa-Noticias.- Margaret Gallagher es investigadora, escritora y consultora especializada en género y medios. Actualmente integra un grupo de investigación del empleo de mujeres y hombres en los medios de noticias que estudiará la situación de 66 países. ’’A la igualdad de género en los medios todavía le falta recorrer un largo camino’’.
Nacida en Irlanda, hoy vive en Reino Unido. Hoy forma parte de un grupo de investigación del empleo de mujeres y hombres en los medios de noticias, que es patrocinado por la Fundación Internacional de las Mujeres en los Medios, y que cubre 66 países alrededor del mundo. No existe hasta ese momento un estudio mundial sobre este tema, entonces la nueva investigación será muy importante. Además, trabaja para la Comisión Europea, principalmente evaluando el desarrollo de la estrategia de comunicación de la Comisión.
Su camino en el área comenzó a finales de los años ’70, cuando la UNESCO le pidió que realizara una revisión de todas las investigaciones disponibles en ese momento sobre género y comunicación, así como las experiencias relacionadas con la mujer y los medios en el mundo, no dejó de trabajar sobre el tema. No se había llevado a cabo ninguna experiencia similar hasta ese momento. El resultado – un libro denominado: ’’Unequal Opportunities: The Case of women and the Media’’ (Oportunidades Desiguales: El caso de las mujeres y los medios), fue publicado por la UNESCO en el año 1981. El trabajar en ese proyecto le abrió los ojos, dice, le hizo tomar conciencia de cuánto la mujer es excluida del entorno y cómo se imponen estereotipos en los medios.
“Si todo va como hasta ahora, se podrá llegar a la paridad entre varones y mujeres que muestran los medios de comunicación dentro de 30 o 40 años”. ’’También necesitamos considerar medidas aún más detalladas como por ejemplo qué sujetos femeninos o masculinos son invitados a hablar de ese tema, cuánta importancia se le brinda a los puntos de vista y perspectiva de las mujeres, entre muchas cosas más. Si observamos los medios actualmente, creo que a la igualdad de género en los medios todavía le falta recorrer un largo camino’’, dice Margaret Gallagher, investigadora, escritora y consultora especializada en género y medios reconocida en el ambiente, que ha trabajado en proyectos para distintos organismos internacionales.
Sobre la discriminación de las mujeres tenía experiencia propia. ’’En la escuela nos alentaban a pensar acerca de un rango muy restringido de carreras para estudiar que tendían a ser de un bajo nivel social y muy mal pago. Una mujer realmente tiene que luchar para quebrar la barrera mental creada por este tipo de condicionamiento. Como por ejemplo, cuando trabajé en una Universidad, la gente que llamaba a mi oficina (que compartía con un colega del sexo masculino) generalmente asumía que yo era la secretaria o la asistente. De hecho, yo ocupaba un puesto superior al de mi compañero. Y así sucesivamente… Una está constantemente luchando para ser tomada en serio en el rol de mujer profesional. Esto es algo con lo que la mayoría de los hombres no tienen que lidiar’’.
- ¿Podría decirnos de qué manera los medios tratan el género y la igualdad?
- Cuando el medio opera en un contexto en que los problemas de género e igualdad son tomados con seriedad en un debate político general o en el cual líderes políticos son abiertos y consistentes en su compromiso con la igualdad de género, hay más de una posibilidad en que esto se vea reflejado en el contenido de los medios. Cuando este tipo de debate no está presente en un discurso político general, como por ejemplo cuando la igualdad de género no es prioridad o simplemente se la trata por encima, las posibilidades son que estas problemáticas tiendan a ser ignoradas o trivializadas por los medios en general.
- ¿Qué países están comprometidos con estas problemáticas?
- Si limito mi respuesta a la región con la que estuve más en contacto y tengo más experiencia (Europa) será más fácil. Pero hay otro problema cuando hablamos de ’’compromiso’’. Por ejemplo, los 27 países dentro de la Unión Europea están obligados a respetar las distintas Directivas Europeas que prohíben la discriminación de género. En un principio, estas Directivas aplican a todos los campos de actividad incluyendo los medios. Pero cada país tiene su nivel específico de compromiso hacia estos principios. Países como Suecia, Finlandia, el Reino Unido tienen una historia más extensa con el compromiso con la legislación de la igualdad que países como Francia, Italia y aún Alemania. Y, en cierta medida, se puede ver esto reflejado en el contenido de los medios de los diferentes países.
- ¿Los medios en general tienen problemas en hablar de mujeres, de los derechos de ellas y de la igualdad de género? ¿Por qué?
- Sí, creo que muchos de ellos, particularmente los medios altamente comerciales, tienen dificultades para hablar sobre las mujeres y los derechos de ellas de manera seria. A veces está relacionado con puntos de vistas ideológicos muy específicos que posicionan a la mujer fuera de la esfera pública. Por ejemplo, si la ideología predominante en una sociedad es que la mujer debe quedarse en casa en vez de ser parte activa de la sociedad, es muy poco probable que los medios contradigan la ideología predominante al expresar problemáticas de los derechos de las mujeres. Algunas veces los medios hasta pueden llegar a ignorar u ocultar los avances realizados por las mujeres en la vida pública. Para citar un ejemplo contemporáneo, dos periódicos judíos extremadamente ortodoxos recientemente alteraron digitalmente una fotografía del gabinete del gobierno israelí electo en donde figuraban dos mujeres. Uno de ellos mostró la fotografía original donde aparecen las dos mujeres, el otro sustituyó a dichas mujeres por otros dos hombres. Estos cambios aparentemente estuvieron motivados por la creencia de que publicar imágenes femeninas es una ofensa a la modestia femenina.
- ¿Hay medios masivos que trabajan con perspectiva del género?
- Creo que los resultados del proyecto realizado en el 2005 de Monitoreo de Medios Mundial demostraron que la abrumadora mayoría del contenido de los medios no es producido teniendo en cuenta la perspectiva del género. La perspectiva masculina sigue predominando. Dicho tema está relacionado a ideas profundamente impuestas acerca de quién y qué es importante, qué puntos de vistas son relevantes y así sucesivamente.
- En los últimos años, ¿ha notado algún cambio positivo en la forma en que los medios tratan a las mujeres?
- Si, los resultados de los tres proyectos de monitoreo de los medios mundial hasta ahora han mostrado resultados positivos en la mayoría de los indicadores medidos por este estudio, aunque el panorama general sigue siendo bastante insatisfactorio. Pero el progreso está bastante fragmentado. Por ejemplo, en el Reino Unido se ha observado una notable mejoría en algunas cuestiones. Encontramos más consideración de las implicancias del género de los problemas como la pobreza, la salud, desempleo en los informes de los medios, al menos en algunos medios más serios. Por otro lado, hay un crecimiento perturbador en la cantidad de contenido de los medios que abiertamente dotan de sexo a las mujeres. Con frecuencia esta dotación de sexo es ’’vendida’’ como un signo del ’’poder’’ de la mujer. Las mujeres poderosas e independientes controlan su propia sexualidad y, por lo tanto, están completamente felices de desnudarse en televisión. Al mismo momento, la violencia sexual en contra de la mujer sigue aumentando. De hecho, estos problemas se han convertido recientemente en el centro de preocupación y debate dentro del gobierno. Por lo tanto, la situación es un poco paradójica.
- Algunas temáticas son más frecuentes que otras, ¿por qué?
- Sí, pienso que podemos decir con confianza que problemas como la violencia en contra de las mujeres, la violación como un arma de guerra, las dimensiones de género del virus HIV o del SIDA son tratados en los medios más frecuentemente que en años anteriores, digamos 15 o 20 años atrás. Si nos remontamos en la historia y observamos estos desarrollos, creo que encontraremos que inicialmente fueron las mujeres periodistas las que comenzaron a informar esas problemáticas que anteriormente habían sido ignoradas. En la actualidad, los periodistas varones también informan este tipo de problemática y ahora son parte de las noticias estándares de determinadas agendas. Por supuesto que nos tenemos que resguardar del sensacionalismo de estas cuestiones y, lamentablemente, esto sucede de manera frecuente. Pero en general, creo que deberíamos observar esta expansión de la agenda de noticias como un desarrollo positivo para las mujeres.
- ¿Los medios deberían tener la responsabilidad de comunicar teniendo en cuenta la perspectiva del género?
- Por supuesto. Si más del 50 por de la población está formada por mujeres es inadmisible que los medios (que deberían reflejar la realidad mundial) ignoren la perspectiva que proviene de tener en cuenta las relaciones entre el género y las mujeres. Sin una perspectiva de género los medios son de hecho discriminadores en la práctica.
- ¿Cuál es la responsabilidad de las naciones en relación al trato de los medios sobre las problemáticas del género?
- Primero y principal, las naciones deben hacerse cargo de las responsabilidades ya asumidas al ratificar la convención de las Naciones Unidas acerca de la eliminación de todas las formas de discriminación en contra de las mujeres. Esto significa que hay que asegurar que la legislación nacional se ajuste a la convención y que dicha legislación se implemente y monitoree. Si esto se cumpliese, y de manera seria, pronto sería visible que los medios (en términos de contratación y tratamiento de las mujeres en el contenido) deben ser incluidos en el proceso general de trabajar hacia la igualdad de género en la sociedad.
- ¿Cuál es el rol de las instituciones donde se capacitan los periodistas y sus organizaciones profesionales?
- Esto es crucialmente relevante. Es esencial que los estudiantes estén expuestos a estas ideas durante sus estudios y su entrenamiento profesional. Es verdaderamente impresionante cómo algunos planes de estudio continúan ignorando la investigación que ha sido realizada para documentar la exclusión de la mujer en los medios y los problemas que esta investigación conlleva, en relación a la ética periodística, principios periodísticos básicos del equilibrio, justicia, etc. De la misma manera, es esencial que las asociaciones profesionales tomen el mando en poner estos problemas en los asuntos de sus reuniones y conferencias, que escriban acerca de los mismos y así sucesivamente.
- ¿Cuál es su visión sobre el futuro, cuántos años más cree que faltará para que los medios incorporen el género en las noticias?
- Desearía saberlo. Analicemos una simple medición, el primer proyecto de monitoreo de los medios mundial de 1995 mostró que las mujeres representaban el 17 por ciento de las personas entrevistadas o presentadas en las noticias. Diez años más tarde esta cifra aumentó a 21 por ciento. A la altura de ese porcentaje, se podrá llegar a la paridad dentro de 30 o 40 años. Es otro tema distinto si eso incluye la igualdad de género en los medios. También necesitamos considerar medidas aún más detalladas como por ejemplo qué sujetos femeninos o masculinos son invitados a hablar de ese tema, cuánta importancia se le brinda a los puntos de vista y perspectiva de las mujeres, entre muchas cosas más. Si observamos los medios actualmente, creo que a la igualdad de género en los medios todavía le falta recorrer un largo camino.
- ¿Qué soluciones propone?
- La implementación de una legislación de igualdad, reclutamiento justo y transparente en los medios y procedimientos de ascenso, provisión de guarderías adecuadas y licencia por maternidad o paternidad para los empleados de los medios, educación igualitaria para ambos géneros y programas de entrenamiento para hombres y mujeres en los medios, monitoreo de los medios y análisis desde una perspectiva del género, programas para desarrollar habilidades críticas de los medios entre le público general.
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Política y Género – Liderazgo – Medios de Comunicación – 29 abril (09) AmecoPress/Artemisa
Foto: Artemisa Noticias
14 Mayo 2009

Fuente EFE
Celebran el fin del “tutelaje permanente a las mujeres”
La Federación de Mujeres Progresistas y la Asociación de Clínicas Acreditadas para la Interrupción del Embarazo (ACAI) han mostrado hoy su satisfacción por la aprobación del anteproyecto de la nueva ley del aborto, que garantiza derechos.
Francisca García, vicepresidenta de ACAI, ha señalado que “es muy importante” que la mujer pueda decidir ante un embarazo que no desea y ha detallado que esta ley “no obliga a nadie sino que garantiza que el aborto se haga en unas condiciones sanitarias buenas”.
Tras indicar que “llevábamos 24 años con una ley poco consecuente y adaptada a la realidad”, la vicepresidenta de ACAI ha opinado que en aquellos que se oponen a esta reforma existe cierta “hipocresía”.
En este sentido, se ha preguntado que “si una mujer no puede decidir sobre su propia maternidad sobre qué va poder a decidir”.
“Ese tutelaje permanente a las mujeres” es “un desprecio a las propias mujeres”, ha remachado García.
“Cambio histórico”
Por su parte, la Federación de Mujeres Progresistas ha felicitado al Gobierno y a su ministra de Igualdad “por el cambio histórico” que supone esta ley y ha valorado que se reconozca “por primera vez de forma explícita el derecho de la mujer a la maternidad libremente decidida”.
“Con la futura ley, la interrupción voluntaria del embarazo pasa a considerarse un derecho jurídicamente exigible, dentro de los límites establecidos, y deja de ser una concesión del Estado tutelada por terceros”, ha argumentado la presidenta de la Federación, Yolanda Besteiro.
14 Mayo 2009

10 Mayo 2009

Judith Butler es la autora de uno de los libros más influyentes del pensamiento contemporáneo, El género en disputa. Feminismo y la subversión de la identidad, donde ya en los años noventa ponía en jaque la idea de que el sexo es algo natural mientras el género se construye socialmente. Sus trabajos filosóficos, complejos y muy difíciles de divulgar sin desvirtuar, han contribuido a construir lo que hoy se conoce como Teoría Queer y tuvieron un papel fundacional en el desarrollo del movimiento queer. Esta breve guía se detiene en puntos clave de su pensamiento.
1 Butler y su giro copernicano
Ese giro se produce en torno del género y marcó la evolución de las concepciones que se venían teniendo al respecto dentro del feminismo. Cuando en 1990 publica El género en disputa, las ideas se dividían a grandes rasgos entre las que entendían al género como la interpretación cultural del sexo y aquellas que insistían en la inevitabilidad de la diferencia sexual. Ambas presuponían que el “sexo”, entendido como un elemento tributario de una anatomía que no era cuestionada, era algo “natural”, que no dependía de las configuraciones sociohistóricas.
Butler plantea que el “sexo” entendido como la base material o natural del género, como un concepto sociológico o cultural, es el efecto de una concepción que se da dentro de un sistema social ya marcado por la normativa del género. En otras palabras, que la idea del “sexo” como algo natural se ha configurado dentro de la lógica del binarismo del género.
2 Judith en el principio de los movimientos queer
Este planteamiento, a partir del cual el sexo y el género son radicalmente desencializados, desestabilizó la categoría de “mujer” o “mujeres”, y obligó a la perspectiva feminista a reconcebir sus supuestos, y entender que “las mujeres”, más que un sujeto colectivo dado por hecho, era un significante político. Al mismo tiempo, esta aguda desencialización del género, la idea de que las normas de género funcionan como un dispositivo productor de subjetividad, sirvió de fundamento teórico y dio argumentos y herramientas a una serie de colectivos, catalogados como minorías sexuales, que también, junto a las mujeres, eran (y continúan siendo) excluidos, segregados, discriminados por esta normativa binaria del género. En este sentido, el giro copernicano de Butler ayudó mucho al impulso y la expansión de los movimientos queer, y también trans e intersex.
3 Y el sexo…, ¿dónde está?
La impronta de Michel Foucault, y en particular su trabajo en la Historia de la sexualidad, es evidente. Ahora bien, si en el caso de Foucault el dispositivo de la sexualidad no tiene en cuenta el género, para Butler es esencial. A partir de Butler el género ya no va a ser la expresión de un ser interior o la interpretación de un sexo que estaba ahí, antes del género. Como dice la autora, la estabilidad del género, que es la que vuelve inteligibles a los sujetos en el marco de la heteronormatividad, depende de una alineación entre sexo, género y sexualidad, una alineación ideal que en realidad es cuestionada de forma constante y falla permanentemente.
Es importante insistir en que Butler no quiere decir que el sexo no exista, sino que la idea de un “sexo natural” organizado en base a dos posiciones opuestas y complementarias es un dispositivo mediante el cual el género se ha estabilizado dentro de la matriz heterosexual que caracteriza a nuestras sociedades. Puesto en otros términos, no se trata de que el cuerpo no sea material, no se trata de negar la materia del cuerpo en pos de un constructivismo radical, simplemente se trata de insistir en que no hay acceso directo a esta materialidad del cuerpo si no es a través de un imaginario social: no se puede acceder a la “verdad” o a la “materia” del cuerpo sino a través de los discursos, las prácticas y normas.
4 El género como performance
Antes que una performance, el género sería performativo. Esta diferencia entre pensar al género como una performance y pensar en la dimensión preformativa del género no es trivial. Decir que el género es una performance no es del todo incorrecto, si por ello entendemos que el género es, en efecto, una actuación, un hacer, y no un atributo con el que contarían los sujetos aun antes de su “estar actuando”. Sin embargo, en la medida en que este performar o actuar el género no consiste en una actuación aislada, “un acto” que podamos separar y distinguir en su singular ocurrencia, la idea de performance puede resultar equívoca. Hablar de performatividad del género implica que el género es una actuación reiterada y obligatoria en función de unas normas sociales que nos exceden. La actuación que podamos encarnar con respecto al género estará signada siempre por un sistema de recompensas y castigos. La performatividad del género no es un hecho aislado de su contexto social, es una práctica social, una reiteración continuada y constante en la que la normativa de género se negocia. En la performatividad del género, el sujeto no es el dueño de su género, y no realiza simplemente la “performance” que más le satisface, sino que se ve obligado a “actuar” el género en función de una normativa genérica que promueve y legitima o sanciona y excluye. En esta tensión, la actuación del género que una deviene es el efecto de una negociación con esta normativa.
5 Poderes y políticas
Hablar de género es hablar de relaciones de poder. Hay que tener muy en cuenta que en esta negociación, el no encarnar el género de forma normativa o ideal supone arriesgar la propia posibilidad de ser aceptable para el otro, y no sólo esto, sino también, incluso, supone arriesgar la posibilidad de ser legible como sujeto pleno, o la posibilidad de ser real a los ojos de los otros, y aun más, supone en muchos casos arriesgar la propia vida. En este sentido, la oportunidad política a la que abren los señalamientos de Butler se debe a que si el género no existe por fuera de esta actuación, y las normas del género tampoco son algo distinto que la propia reiteración y actuación de esas mismas normas, esto quiere decir que ellas están siempre sujetas a la resignificación y a la renegociación, abiertas a la transformación social. Estas normas que son encarnadas por los sujetos pueden reproducirse de tal modo que la normas hegemónicas del género queden intactas. Pero también estas normas viven amenazadas por el hecho de que su repetición implique un tipo de actuación que pervierta, debilite o ponga en cuestión esas mismas normas, subvirtiéndolas y transformándolas. Esta inestabilidad constitutiva de las normas es una oportunidad política.
6 La aparición de la homosexualidad
En paralelo con otras autoras que también han revisado el hecho de que las ideas que conlleva el género han sido tributarias de la matriz heterosexual –como por ejemplo Monique Wittig, Adrienne Rich o Gayle Rubin– los planteamientos de Butler apuntan a señalar que los ideales de masculinidad y feminidad han sido configurados como presuntamente heterosexuales. Si desde el esquema freudiano, por ejemplo, se parte de la idea normativa de que la identificación (con un género) se opone y excluye la orientación del deseo (se deseará el género con el cual no nos identificamos) –identificarse como mujer implicaría que el deseo debería orientarse hacia la posición masculina, y viceversa–, Butler planteará que esto no es necesariamente así. (Este es el prejuicio que permite entender el hecho de que históricamente se haya pensado en la idea de que un hombre que desea a otros hombres tenderá a ser necesariamente afeminado, y lo mismo en el caso de las mujeres, que si desean lo femenino, esto deberá asociarse con la identificación con lo masculino)
7 La ley del deseo
Desde el punto de vista de Butler, deseo e identificación no tienen por qué ser mutuamente excluyentes. Y aún más, ni siquiera, ni tampoco, éstos tendrían por qué ser necesariamente unívocos. No hay ninguna razón esencial que justifique que una debe identificarse unívoca e inequívocamente con un género completa y totalmente. Asimismo, tampoco habría ninguna necesidad en que una deba orientar su deseo hacia un género u otro. Tal es el caso por ejemplo de la bisexualidad.
En tanto ideales a los que ningún sujeto puede acceder de forma absoluta, masculinidad y feminidad pueden ser –y de hecho son– distribuidos, encarnados, combinados y resignificados de formas contradictorias y complejas en cada sujeto. Y no hay encarnaciones o actuaciones de la feminidad o de la masculinidad que sean más auténticas que otras, ni más “verdaderas” que otras. Lo que habría, en todo caso, son formas de negociación de estos ideales más sedimentados, y por ende naturalizados o legitimados que otros, lo que consecuentemente los vuelve “más respetables” de acuerdo con un imaginario social que continúa siendo primordialmente heterocéntrico.
Leticia Sabsay
Socióloga (UBA) Doctora por la Universidad de Valencia. Sus temas de investigación abordan la articulación de los conceptos de género, subjetividad y ciudadanía en la teoría feminista contemporánea. Participò con Judith Butler en el dictado del Seminario de doctorado “Performatividad, género y teoría social: la revisión de la categoría de sujeto”, que tuvo lugar en la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA.
9 Mayo 2009
Comenzar hablando de la transexualidad femenina no es por otro motivo que el meramente contemporáneo o explicándolo mejor por enclavar en un contexto sociocultural el concepto mujer en una sociedad marcadamente androcentrista y donde la mujer transexual crea desde su transgresión del género y sexo una controversia doblemente excluyente en primer lugar por la misma transgresión de su género y/o sexo y la otra por incorporarse de manera voluntaria al grupo por definición y dogma de inferioridad social e intelectual que representa el ser mujer en un sistema de herencia sociocultural judeocristiana donde la mujer desde el existencialismo y otras tendencias filosóficas y religiosas ocupa un lugar menos relevante que el hombre en la sociedad en todos sus aspectos, por suerte para las mujeres las cosas están cambiando y ya comenzamos a romper estereotipos con un arraigo político y cultural excesivamente profundo. No es mi interés dejar de lado la transexualidad masculina, pero dado su mejor adaptación social finalizado (sí es que alguna vez finaliza) su proceso transexualizador como hombres disfrutan de las ventajas de acceder a una escala social y política más poderosa que la de las mujeres, por ello me ceñiré en este ensayo exclusivamente a la identidad sexual y de género mujer.
Ya a mediados del siglo XX con la paulatina aparición de los estudios relativos al género, coincidiendo con las diferentes corrientes del feminismo que plantean estudios diferentes entre las teorías de la sexuación del individuo y la construcción del género como un fenómeno sociocultural producido a posteriori de la constitución del sujeto como una psiquis subordinada por la norma hetero y androcentrista impuesta sobre el individuo. Observamos que el género se va convirtiendo en una disciplina merecedora de estudio y de una constante observación dada su característica cualidad de cambio según se van transformando las sociedades y evolucionando las corrientes del pensamiento y su puesta en práctica en la vida real, cambios lentos pero inevitables teniendo en cuenta los avances en materia de investigación por parte de colectivos, asociaciones, gobiernos y actores implicados en la renovación de los patrones normativizados de sociedad en la que vivimos.
Si bien la individuación, es decir, la constitución primera del individuo es anterior a que éste exista, quiero con esto decir que ya está dado un espacio y una serie de connotaciones para este individuo antes de éste exista, puesto que sería como un hueco vacío que estuviera esperando para ser ocupado de antemano y la máquina del poder normativo tuviera para él unos dictados sociales (entre ellos los roles de género) impuestos en función de la identidad sexual para ese individuo. De esta manera la sociedad tiene establecidos desde hace siglos una identidad de género y unos patrones que constituyen los representaciones socioculturales que deberá de desarrollar el individuo atendiendo a su sexuación y a otros factores, pero siempre desde el prisma de la normatividad hetero y androcentrista, que continúa siendo el dominante en nuestra sociedad a día de hoy.
Existen ya varios países europeos que desde hace años disponen en sus universidades de cátedras relativas al estudio del género y sus relaciones o interrelaciones con las disciplinas que estudian tanto el comportamiento social de ser humano como las diferentes disciplinas filosóficas que se encargan del estudio de la psiquis, también trabajan conjuntamente con la sexualidad, la antropología, la psicología, etc. No obstante las definiciones y delimitaciones que se dan y darán al género siempre tendrán un carácter relativo y no absoluto ni determinante por el carácter propio e inherente del género como un continuum.
Tanto en la mujer transexual como la mujer transgénero se da el común denominador de una disonancia persistente entre sexo biológico o nacido y la identidad de género, pero no debemos olvidar que el género es un aprendizaje sociocultural, que según los estudios más recientes se lleva a cabo durante los primeros cinco años de vida del individuo. Suponiendo que ésta identidad de género disonante quede latente y no patente desde el momento en que es aprehendida, el rol de género que desarrollará el individuo desde el momento de su existencia estará subordinado al impuesto en función de su sexo biológico mientras no se revele su identidad de género sentida como propia, e aquí el dilema por el cual la mujer transexual y la transgénero se constituyen como mujeres psíquicas, como llegan a adquirir la identidad de género femenina, si se nos empieza a educar en los roles que corresponden a nuestra sexuación física o biológica ¿cómo conseguiremos desarrollar las mujeres transexuales o/y transgénero en este caso una identidad de género contrapuesta a la impuesta y normativizada a la correspondiente a nuestra genitalidad primigenia masculina?, (aquí debemos atender minuciosamente al desdoblamiento de la segunda autoconsciencia que Hegel nos expone en su “Fenomenología del espíritu” leer “Transmutación psíquica de la subjetivización de la mujer transexual”.
En el concepto transgénero, atendiendo a las clasificaciones actuales, se engloban identidades clásicas de dos tipos, las conductuales o relativas a una conducta que obedece a una pauta temporal y las estructurales, en la primera clasificación podríamos incluir conductas generistas como el travestismo, los dragking, las dragqueen, las identidades ambiguas y cambiantes como la androginia e incluso las identidades Queer, que precisamente huyen de cualquier identificación identitaria y clasificación binómica hombre/mujer, masculino/femenino, las clasificaciones estructurales que son las segundas a las que me refiero comprenderían la transexualidad y la intersexualidad. Atendiendo a estos supuestos las mujeres transexuales somos mujeres transgénero, pero no necesariamente una mujer transgénero es una mujer transexual, puesto que el transgenerismo abarca más realidades de género transgredido que la sola transexualidad.
Habitualmente las mujeres transexuales y las mujeres transgénero hablando en un lenguaje simplificado, buscan necesariamente la adecuación de sus características fenotípicas a su realidad psíquica o identidad de género mujer, aun siendo común en ellas dos el tratamiento hormonal en el caso de la mujer transexual es primordial la CRS (cirugía de reasignación sexual), generándose una diferencia en los objetivos finales de su transición de género/sexo con la mujer transgénero, ésta última no necesitará obligatoriamente una CRS, no resultándole vital para su reafirmación como mujer redefinir quirúrgicamente su genitalidad masculina, bien porque satisface sus necesidades sexuales con su/s pareja/s o bien porque el proceso hormonal le han provocado una disfunción sexual (desaparición de la líbido) lo cual le hace no plantearse como vital la CRS.
También podemos encontrarnos con una transexualidad femenina tardía (aquí puede aparecer la orientación lésbica o no) donde si el individuo, en este caso la mujer transexual o transgénero, ha construido su vida sentimental no sentirá obligatoriamente la necesidad de la reasignación genital, o puede que si, ya que cada mujer transexual es una psiquis muy internalizada y con unas connotaciones personales importantes o darse el caso contarios de ser una mujer transexual lesbiana (según algunos estudios aproximadamente el 30%) que ame y desee ser amada por otra mujer como una mujer, en este caso la cirugía de reasignación puede ser objeto necesario en proceso transexualizador de esta mujer transexual.
Tanto la mujer transexual como la mujer transgénero necesitan de una THR y de cirugías feminizadoras para adecuar su fenotipo o aspecto físico a la identidad de género mujer sentida y desarrollada, conservar la genitalidad masculina está siendo considerado como un derecho inherente bien por una orientación sexual y/o un tipo de placer sexual y forma de sentirlo que la satisface a ella y a su pareja.
Para la mujer transexual el hecho de sentirse, considerarse, hacerse sentir y hacerse considerar como mujer pasa obligatoriamente por la necesidad vital de la cirugía de reasignación sexual.
La transgresión de la subjetivización (subordinación y subjetivización, “Teoría de sujección” de J. Butler) impuesta y normativizada desde lo sociocultural es lo que hace que la mujer transexual y la transgénero crucen el umbral que las sitúa en una realidad psicosocial proyectada en el ámbito de lo público como mujeres. Es suficiente para poder identificarse como mujer transexual o transgénero simplemente el deseo y la practica de feminizar su cuerpo masculino nacido pero no sentido mediante terapia hormonal y/o CRS y de esta manera vivir psicosocialmente como mujeres para serlo sin diferencia alguna con las mujeres no transexuales. Como ya cité en “Mujeres transexuales, construcción y producción sociocultural” la mujer transexual Bárbara Graner en un seminario en el año 2007 dijo airadamente: “No entiendo porqué solo una cirugía genital permite que una mujer sea llamada mujer. ¿Sólo la vagina es atestado de que una es mujer?”….. “! Soy mujer, me siento mujer, entonces soy una mujer!”, palabras más que relevantes de una realidad que debe ser asumida por la sociedad en que vivimos, empezando por la educación en todos sus niveles y estamentos y acabando por los Gobiernos que crean las leyes que regulan la ética y el comportamiento de sus ciudadanos que gobiernan para que a través del conocimiento y no del miedo y la ignorancia tengamos cabida en la sociedad accediendo a todas las situaciones reales de bienestar que deben procurarnos los Estados.
En realidad ateniéndonos al uso del lenguaje, con la complejidad que este tema conlleva (performatividad en Althusser, Derrida, etc.) el término transgénero es ambiguo y puede tener varias acepciones que corresponden fundamentalmente a factores sociogeograficos y temporales, por ejemplo, mientras que en Europa aglutinar el término transexualidad y transgénero femeninas en el término mujer transexual para hacer referencia a ambos es habitual en Latinoamérica es más común el uso de los términos transgénero o travesti para hacer referencia a la mujer transexual. Es a fin de cuentas el resultado de unos significantes y significados variables según el tiempo (época) y el espacio físico o geográfico.
Sí la mujer transgénero delimita su identidad a la identidad femenina, es decir mujer, realmente la diferencia con la mujer transexual no es tanta, puesto que muchas mujeres transexuales que también han construido su identidad femenina y la han socializado no han podido por diversos motivos acceder a la CRS, por ello la diferencia entre mujeres transexuales y mujeres transgénero es mínima. La Asunción de la identidad de género en ambas mujeres normalmente difiere en el tiempo, siendo esta asunción más temprana en la mujer transexual que en la mujer transgénero.
Otro capítulo diferente es el de los postulados de las, (y digo las y no la puesto que las interpretaciones que se han hecho de esta teoría son de lo más cambiante y acomodado para justificar situaciones relativas al género que nada tiene que ver con la realidad de las mujeres transexuales y transgénero), teorías Queer, donde se rehúye de cualquier clasificación o categorización relativa al género y al sexo, pero indudablemente el sexo biológico cobra un importante peso especifico desde la aparición del individuo, no pudiendo escapar a la categorización social hombre/mujer en función meramente relativa al sexo físico, aquí debemos de hacer una lectura del ensayo de Mar Cambrollé “La transexualidad no es Queer”, las teorías Queer a menudo confunden los términos mujer transexual y mujer transgénero, haciendo un lectura muy particular y libertaria de las teorías de J. Butler, donde sus trabajos de investigación son de un rigor y aceptación positiva en los dictados relativos a la construcción del género. Desde lo Queer nos hacen culpables de contribuir al mantenimiento del sistema binario hombre/mujer del androcentrismo, pero no están en lo cierto ya que muchas mujeres transexuales y transgénero elegimos la identidad de género mujer o femenina y adoptamos los roles sociales que ello conlleva, ahora bien, adoptar esos roles no quiere decir necesariamente cumplir de una manera obligada con los estereotipos que la sociedad androcentista y falocrática ha postulado para su concepción del “concepto mujer”, quiero decir que ser mujer transexual o mujer transgénero no es necesariamente ser ni heterosexual, ni sumisa, ni entregada al hombre por encima de su voluntad, y mucho menos pensada desde fuera de nosotras mismas, aquí coincidimos con algunos de los movimientos feministas y sus teorías, en la capacidad de elegir libremente, sin ataduras normativizadas, y de pensar por y para nosotras mismas como mujeres que somos entre mujeres.
Haizea Caballero Ruiz.